La cuestión catalana (I), la Diada 2013 y la de hace trescientos años.

niños independientes

Escribir un 11 de Septiembre sobre la cuestión catalana es cuando menos bastante comprometido pero digamos que yo personalmente estoy llegando al tope de intoxicación posible sobre este tema y el hecho de que en pleno siglo XXI sigamos debatiéndolo me desquicia bastante porque me demuestra que jamás vamos a ser capaces de superar la histórica insolidaridad e incomprensión entre las diversas regiones, naciones y estados de este país nuestro; y porque la política de la diferencia me repugna.

El problema nacional español me aburre. El nacionalismo me aburre, es retrógrado y conservador y es insolidario. Preferiría, por ejemplo, hablar de los derechos humanos y de qué manera se podría fortalecer a la ONU para que de una vez por todas los defendiera allá donde no se cumplan sin sentirse permanentemente secuestrada por las superpotencias que practican la política del egoísmo mientras mueren miles de niños, mujeres y hombres por doquier.
Lo preferiría, pero no. Toca hablar de nacionalismo e independencia dentro de la piel de toro; es decir, de todo lo contrario a lo que yo deseo hablar. Tengo que hablar de la alta burguesía catalana conservadora que menciona a Felipe V como si fuera primo hermano de cada español o catalán que no simpatiza con la independencia y también de la progresía catalana adscrita a un partido de izquierda nacionalista, pero yo es que todavía necesito que me expliquen cómo se puede ser socialista, comunista o anarquista y a la vez nacionalista. Es algo que no logro concebir y me temo que Marx y Bakunin menos aún si levantaran la cabeza.

Reconozco que en plena crisis económica, política y de valores en general, el proceso de lucha independentista catalán me da envidia porque ha logrado que millones de personas tengan algo en lo que creer y como dice Isaac Rosa en su artículo (os recomiendo leerlo), ganas me dan de que esa vía catalana hubiera cruzado el Ebro hacia el Sur sin pararse en Alcanar y hubiese avanzado por la A-2 hasta Zaragoza y Madrid con la sana intención de cambiar muchas cosas. El problema, Isaac, es que no nos han invitado.

Yo entiendo que en Cataluña se haya creado el mito de que estarán mejor sin los demás y entiendo y me siento orgulloso de la realidad catalana que durante siglos ha dado grandísimas aportaciones al conjunto de España. También me siento muy orgulloso de Galicia siendo andaluz; y de La Rioja, de Burgos y de mi Granada natal. No tengo ningún problema en reconocer la realidad cultural e idiomática catalana ni su idiosincracia como pueblo-nación o estado que lleva caminando mil años con otro conjunto de pueblos y estados.

Yo también pienso que el Estado me oprime, de hecho si pudiera reventaba al Estado mañana mismo y seguramente, por qué no, a los andaluces igual nos iba mejor estando solos. Durante los próximos años van a ponerse en explotación más de veinte yacimientos mineros andaluces que harán de nuestra región la mayor explotación minera de Europa durante los próximos cincuenta años y a lo tonto nos van a caer unos cuantos euros encima que ya se encargarán de malgastar nuestros políticos convenientemente. Pero es que Almería, con sus invernaderos, sigue siendo la despensa de toda Europa y la provincia en sí, una de las primeras en renta per cápita de España. Tampoco están mal nuestras playas, ni nuestras montañas, ni nuestra historia y nuestros monumentos. El mejor aceite del mundo se hace en Jaén, Córdoba y parte de Granada. No tenemos malos puertos (pongamos por caso los de Algeciras y Málaga) y a lo mejor Cádiz no tendría la tasa de desempleo más alta de España si hubiésemos gestionado nosotros sus astilleros y los hubiésemos defendido donde hiciera falta. Es posible que Sevilla, sin el resto del Estado molestando, fuese mucho más importante aún y Málaga, bueno en Málaga es que ya es imposible que entren más guiris, pero a lo mejor entraban.

Y digo yo que esto mismo lo pensarán los murcianos de sus recursos y los valencianos, los manchegos, los riojanos y los gallegos de los suyos y multipliquen o dividan ustedes cuantas veces quieran porque todo el mundo tiene derecho a pensar que sería más feliz sin su vecino. Otra cosa es que esté en lo cierto, porque si el recibo de la comunidad te parece caro, igual sin tus vecinos se te haría inabarcable.

Pero me preocupa más otra cuestión. La cuestión identitaria y la política de la diferencia. ¿Qué ganamos exactamente sintiéndonos diferentes unos de otros? ¿Cuál es la diferencia entre un castellonés y un tarragonés? ¿La orilla del Ebro en la que viven?, ¿Y entre un señor de Monzón o Teruel y otro de Lleida? Vale, exageremos, entre uno de Badajoz y otro de Girona ¿Hay grandes diferencias culturales? ¿Las hay entre un francés y un señor de Burgos? ¿de verdad? Me refiero a lo esencial, claro está. Supongamos que las hay (yo creo a pies juntillas que no hay ninguna), trabajemos para acabar con ellas. Hablo en un sentido positivo, limar las diferencias que dificultan nuestro caminar y nuestro entendimiento. Doy por hecho que la diversidad humana es positiva.
Hagamos políticas integradoras, por favor, que estamos en el siglo XXI y formamos parte de la Unión Europea. Hemos asumido como propios los conceptos generales del Marxismo porque revolucionaron el concepto de la valía de un hombre, empezando por el más pobre de ellos y todos damos por indiscutibles los derechos humanos, la libertad de expresión y la necesidad de luchar por un Estado de Bienestar solidario del que todos formamos parte. Sin embargo, seguimos empeñados en hacer políticas diferenciadoras y potenciarlas.

Es verdad que España tiene una historia difícil, rara y diversos sentimientos culturales y nacionales dentro de ella. Es verdad también que una parte de su ciudadanía lo niega (a veces de la manera más mezquina), pero no lo es menos que se ha utilizado hasta la saciedad desde los partidos nacionalistas en contra de todo lo conseguido, porque por definición, dichos partidos solo pueden tender a convertir en realidad sus aspiraciones que no son otras que la independencia política del territorio al que representan. La solución autonómica no fue perfecta, pero fue bastante buena. Echar para atrás la reforma del Estatut fue una estupidez, eso es innegable y negar la identidad de los diferentes pueblos del Estado también lo es. La vía federal a lo mejor es una buena solución, pero sinceramente me parece mucho más acuciante solucionar otras cuestiones para poder llegar a final de mes. En Cataluña y en Calatayud. No hablemos ya de encontrar la manera de que lo de Siria no vuelva a repetirse jamás.

Yo diría que muchos malentendidos (malintencionados por ambas partes), vienen de una nefasta explicación de la Historia de España y no sé si ésta nos puede ayudar a entender algo todo esto, pero vamos a intentarlo a ver qué pasa. Necesitaría unos cincuenta folios para hacerlo medio bien, así que lo voy hacer medio mal, pero espero que en no más de tres o cuatro.

Me equivoqué en el cálculo…

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